Secretaría de Fortalecimiento Institucional y Educación Superior

Dirección General de Bienestar Educativo

Herramientas de comunicación y gestión de conflictos

Artículos y Notas

Mensajes-Yo: Comunicarnos desde el yo para transformar el aula

En el mundo educativo, la forma en que hablamos puede marcar la diferencia entre un diálogo que construye y una conversación que levanta muros. El modo en que expresamos nuestras ideas, emociones y expectativas impacta no solo en la relación entre docentes y estudiantes, sino también en la dinámica general de la institución. Entre las herramientas que ayudan a crear vínculos más sanos y efectivos, los Mensajes-Yo se destacan por su sencillez y por su capacidad de transformar el clima escolar, al promover una comunicación clara, respetuosa y empática.

Un cambio de perspectiva La lógica de los Mensajes-Yo es simple pero poderosa: en lugar de centrar el discurso en lo que el otro hace mal, se pone el foco en cómo nos sentimos ante una situación y en qué necesitamos para mejorarla. De este modo, la comunicación se enmarca desde la vivencia personal, sin caer en reproches o etiquetas.

Por ejemplo, frente a una situación de interrupciones constantes, en lugar de resaltar el error de quien interrumpe, el docente puede describir la dificultad que esto genera para continuar la actividad y el impacto que tiene en el grupo. Lo que cambia no es el problema en sí, sino la manera de abordarlo: del señalamiento a la reflexión compartida.

El valor dentro del aula En la vida cotidiana de la escuela, esta herramienta ofrece un modo de establecer límites claros sin recurrir a expresiones que puedan dañar la autoestima de los estudiantes. Cuando se utilizan Mensajes-Yo, se enfatiza la consecuencia de una conducta en la dinámica de la clase o en el proceso de aprendizaje, lo cual fomenta la empatía y la autorregulación.

Pensemos en una entrega de trabajos fuera de tiempo. Un enfoque tradicional podría centrarse en remarcar la falta de responsabilidad del estudiante. En cambio, con un Mensaje-Yo el acento está en el impacto: la dificultad que surge para revisar las producciones

a tiempo, la necesidad de organizar la secuencia de actividades o la preocupación porque el retraso afecte la continuidad pedagógica. De esta forma, el docente no queda en el rol de juez que sanciona, sino en el de guía que señala el efecto de las acciones y abre la posibilidad de mejora.

Más allá de la relación docente-estudiante El potencial de los Mensajes-Yo también se extiende a otros vínculos dentro de la comunidad educativa. En la comunicación con las familias, esta estrategia ayuda a evitar que las observaciones sobre el desempeño escolar sean interpretadas como juicios personales. Una dificultad en la participación de un estudiante, expresada desde este enfoque, se convierte en una preocupación compartida por su proceso de aprendizaje y no en una acusación.

Del mismo modo, en el trabajo entre colegas, los Mensajes-Yo fortalecen la colaboración y reducen tensiones. Frente a retrasos en la organización de actividades conjuntas, por ejemplo, en vez de centrarse en el incumplimiento de otra persona, se puede destacar cómo esto afecta la propia planificación y el funcionamiento del grupo. Así, se abre la puerta a buscar soluciones en conjunto en lugar de alimentar conflictos.

Un cambio de perspectiva Aunque la práctica ayuda a naturalizar su uso, los Mensajes-Yo suelen apoyarse en una estructura clara: primero se describe la situación observada, luego se comunica el sentimiento que genera, se señala el impacto que produce y, finalmente, se expresa la necesidad o el cambio deseado.

Un ejemplo concreto puede verse en la organización de una feria de ciencias. Cuando un equipo docente no recibe a tiempo ciertos materiales necesarios, puede comunicarlo de la siguiente manera:

  • Descripción de la situación: “Cuando los materiales no llegan en la fecha acordada…”

  • Expresión del sentimiento: “…me siento preocupado…”

  • Explicación del impacto: “…porque eso retrasa la organización general y complica que todo el grupo avance al mismo ritmo.”

  • Propuesta o necesidad: “Sería de gran ayuda que los insumos estén disponibles en los plazos establecidos para que podamos cumplir con el cronograma.”

Este ejemplo muestra cómo el mensaje no apunta a señalar una falla personal, sino a describir un hecho, expresar una emoción, mostrar la consecuencia y proponer una salida.

Una herramienta con valor formativo El verdadero potencial de los Mensajes-Yo no está solo en prevenir conflictos, sino en su carácter formativo. Al aplicarlos de manera sistemática, se transmite a los estudiantes un modelo de comunicación basado en el respeto y la claridad, que ellos mismos pueden reproducir en otros ámbitos de su vida.

Se trata de un aprendizaje que trasciende la escuela. Hablar desde el yo enseña que es posible expresar necesidades sin recurrir a la agresión, que la honestidad no está reñida con el cuidado de los vínculos y que cada persona puede hacerse responsable de sus emociones sin cargar la responsabilidad sobre los demás.

Conclusión Los Mensajes-Yo son más que una técnica: representan una manera de concebir la comunicación desde la empatía y el reconocimiento mutuo. Implementarlos en las aulas, en la relación con las familias y en los equipos docentes implica transformar la cultura institucional, apostando a un clima más saludable y colaborativo.

Cuando el lenguaje cambia, también lo hacen las relaciones. En la escuela, ese cambio puede convertirse en el punto de partida para construir comunidades educativas más humanas, donde la palabra no sea una herramienta de confrontación, sino un puente hacia la comprensión y el crecimiento compartido.
Lic. Carlos Hernán Espíndola. Mediador.