Secretaría de Fortalecimiento Institucional y Educación Superior
Dirección General de Bienestar Educativo
Herramientas de comunicación y gestión de conflictos
Artículos y Notas
La mediación como habitus escolar: herramientas para construir convivencia
La mediación ya se encuentra consolidada como un método recomendado para trabajar con los conflictos en la escuela
debido a su eficacia para las disputas puntuales y porque favorece aprendizajes que trascienden la situación inmediata.
Su valor no radica exclusivamente en la resolución de un problema concreto, sino en la posibilidad de formar sujetos
capaces de dialogar, de reconocer perspectivas distintas y ensayar soluciones compartidas. De este modo, la mediación
en la escuela no se limita a ser una técnica de gestión del conflicto, sino que se proyecta como una práctica educativa
que moldea de forma muy enriquecedora la cultura institucional y la convivencia cotidiana.
Las herramientas de la mediación son mucho más que técnicas aisladas: son disposiciones que, ejercitadas con constancia, se transforman en habitus escolar. En términos de Bourdieu, el habitus refiere a prácticas incorporadas que moldean formas de actuar y de percibir la realidad. Construir ese habitus en la escuela implica dejar de mirar a la mediación como un recurso ocasional para convertirla en un modo cotidiano de gestionar los vínculos. Cuando estas herramientas se incorporan a la práctica cotidiana de la escuela se forman ciudadanos capaces de dialogar, reconocer al otro y construir acuerdos como parte natural de la vida escolar.
Las herramientas de la mediación son mucho más que técnicas aisladas: son disposiciones que, ejercitadas con constancia, se transforman en habitus escolar. En términos de Bourdieu, el habitus refiere a prácticas incorporadas que moldean formas de actuar y de percibir la realidad. Construir ese habitus en la escuela implica dejar de mirar a la mediación como un recurso ocasional para convertirla en un modo cotidiano de gestionar los vínculos. Cuando estas herramientas se incorporan a la práctica cotidiana de la escuela se forman ciudadanos capaces de dialogar, reconocer al otro y construir acuerdos como parte natural de la vida escolar.
- Escucha activa: reconocer al otro
Es la base de todo proceso de mediación. En el aula, implica que cada estudiante sienta que sus palabras y lo que tiene para decir es recibido con atención y respeto. Mirar a los ojos, sin distraernos con otras tareas o personas, no interrumpir ni completar las frases, son gestos que marcan una diferencia sustancial. Esta herramienta ayuda a que quienes participan de un conflicto se sientan escuchados y comprendidos pero también habilitados a expresar sus emociones y puntos de vista, disminuyendo la tensión inicial. - Preguntas y parafraseo: clarificar y ordenar
Hacer preguntas abiertas y devolver con nuestras palabras lo que el otro expresó (parafraseo) son técnicas esenciales para evitar malentendidos. En la práctica, muchas discusiones escalan porque nadie pregunta con genuino interés ni verifica si lo que entendió del otro es lo que quiso decir realmente. Debemos evitar juzgar y mantener un tono neutral sin ironía. Algunas formas de aplicarlo es devolviendo la idea central, poniendo en palabras el estado afectivo de la persona reconociendo su emoción, o destacar el objetivo que busca lograr. Estas herramientas permiten reconstruir el diálogo y además se constituyen como un hábito general de comunicación respetuosa. - Encuadre y reencuadres: construir un contexto común
Esta herramienta es muy poderosa porque puede cambiar la percepción que tienen los participantes sobre el conflicto. En ocasiones, éste se sostiene pues los involucrados quedan atrapados en una interpretación rígida de la situación. El encuadre define las reglas de la conversación para abordar el conflicto en esa oportunidad concreta, recordando las reglas básicas del respeto. Cada participante expone su visión del conflicto. El reencuadre se realiza después de esa exposición inicial y permite transformar la interpretación de un hecho o del conflicto en sí mismo. Mostrar cómo el conflicto trasciende lo individual y afecta a todos los participantes, descubrir las necesidades escondidas detrás de los reproches, cambiar el eje de lo pasado a lo que se puede construir en el futuro a partir de esa experiencia. En la escuela, reencuadrar puede significar pasar de “no me presta sus útiles” a “cómo podemos compartir los recursos para que todos puedan trabajar”, o de “la profesora me tiene bronca” a “me gustaría que también se reconozca cuando hago las cosas bien”. El reencuadre en la escuela transforma un problema en una oportunidad para aprender a mirar juntos desde otro lugar. - Replanteo: abrir caminos posibles
En la etapa de búsqueda de soluciones, muchas veces los estudiantes proponen salidas poco realistas o cargadas de enojo: imponer castigos, cortar la relación, excluir al otro. El replanteo permite dirigir esas propuestas negativas hacia otras viables, sin desvalorizar la voz de quien las expresó. Con esta herramienta reconocemos la necesidad que hay detrás de una propuesta negativa y la reformulamos para orientar la discusión a la construcción colectiva de alternativas viables. Por ejemplo, si un estudiante dice “que no juegue más porque hace trampa”, el replanteo podría ser: “Lo que estás señalando es que para vos es importante que las reglas se cumplan. Pensemos en una forma de que todos puedan jugar respetándolas”. Esta herramienta es clave porque cumple dos funciones importantes: enseña a que se pueden transformar demandas punitivas en soluciones cooperativas y muestra al conflicto como una ocasión para crear nuevas normas y no como un callejón sin salida. - Construcción y seguimiento de acuerdos: compromiso compartido
El objetivo de la mediación escolar es generar compromisos que nazcan de las propias personas involucradas. Un acuerdo impuesto puede cumplirse por obligación, pero rara vez genera compromiso real. En cambio, un acuerdo construido entre todos se vive como propio, y esa apropiación lo vuelve más duradero porque cada participante se reconoce como autor de la solución. Construir juntos implica definir compromisos claros que todos puedan sostener en el tiempo. Esta dinámica fortalece a la comunidad educativa y es un claro ejercicio de ciudadanía escolar, donde cada voz importa y cada gesto de responsabilidad cuenta.
Prof. Lourdes Campos Quintanilla. Abogada. Mediadora.