Secretaría de Fortalecimiento Institucional y Educación Superior

Dirección General de Bienestar Educativo

Artículos y Notas

La escuela habla todo el tiempo

La convivencia se construye en las formas de comunicación cotidianas: en cómo circula la palabra, en los modos de escuchar, en las maneras de participar y en los vínculos que se configuran día a día entre quienes habitan la institución. Muchas veces, pequeños intercambios producen efectos significativos en las personas y en los grupos, favoreciendo formas de encuentro, participación y pertenencia que atraviesan la vida escolar.

En la escuela se habla constantemente. En las aulas, en los pasillos, en las reuniones, en los recreos, en los grupos de WhatsApp, en las miradas, en los silencios y también en las formas de intervenir frente a lo que ocurre. Aquello que acerca, habilita la participación o fortalece los vínculos no depende únicamente de grandes acciones institucionales, sino también de modos cotidianos de comunicarse que configuran climas y relaciones.

Desde esta perspectiva, la comunicación no constituye solamente un intercambio de información, sino también una dimensión central en la construcción de la convivencia. Watzlawick et al. (2011) señalan que toda comunicación posee una dimensión de contenido y otra relacional, y que esta última influye decisivamente en cómo se interpretan los mensajes. En la vida escolar, esto puede observarse en situaciones muy cotidianas: una pregunta formulada con interés genuino, una intervención que recupera lo que alguien dijo o un espacio donde distintas voces encuentran lugar pueden generar experiencias de participación y reconocimiento que fortalezcan los vínculos entre las personas.

En ocasiones, estas dinámicas aparecen en situaciones simples y habituales. Por ejemplo, cuando alguien que participa poco comienza a involucrarse más porque encuentra un espacio donde siente que puede expresarse sin ser interrumpido. O cuando, durante un trabajo grupal, alguien retoma una idea que había pasado inadvertida y la incorpora a la conversación, habilitando que otras personas también se animen a participar. Muchas veces, pequeños gestos de escucha y reconocimiento contribuyen a construir mayor confianza dentro de los grupos.

Algo similar ocurre con las formas en que circulan los desacuerdos o las diferencias. La posibilidad de expresar opiniones distintas, formular preguntas o plantear incomodidades sin temor a la descalificación influye directamente en los modos de convivencia que se construyen dentro de la institución. En este sentido, la comunicación no solo acompaña los vínculos, sino que también configura las condiciones en las que las personas pueden participar, sentirse escuchadas y construir intercambios con otros.

Los climas institucionales también se configuran a través de estas formas de intercambio. La manera en que se reciben las preguntas, el lugar que tiene la palabra en los grupos o las posibilidades de participación que se habilitan cotidianamente influyen en cómo las personas habitan los espacios compartidos. Hay formas de comunicación que favorecen la escucha, el diálogo y la construcción colectiva, generando mejores condiciones para el encuentro y la convivencia entre quienes forman parte de la vida escolar.

Para quienes enseñan, estas reflexiones invitan a detenerse en prácticas cotidianas que muchas veces pasan inadvertidas. La manera en que se recibe una pregunta, cómo se interviene cuando aparecen opiniones diferentes o qué lugar se ofrece a quienes participan menos también comunica. En ocasiones, una consigna reformulada, una pregunta que recupera una intervención previa o un momento destinado a escuchar distintas perspectivas pueden favorecer experiencias de participación más significativas para los estudiantes.

Por ello, escuchar no implica únicamente “dejar hablar”. Supone también registrar tiempos, reconocer emociones, mostrar interés por lo que la otra persona intenta expresar y construir condiciones para que el intercambio pueda sostenerse. Fisher et al. (2012) advierten que, en contextos de tensión, las personas suelen reaccionar más frente a percepciones y construcciones subjetivas que frente a hechos objetivos, por lo que la escucha y las formas de comunicación adquieren un papel central en la posibilidad de comprender lo que ocurre y construir respuestas compartidas.

En la vida cotidiana de las escuelas, pequeños gestos comunicacionales pueden generar diferencias significativas. El modo en que se recibe una pregunta, la posibilidad de habilitar distintas voces en una conversación o la atención puesta en aquello que alguien intenta expresar contribuyen a construir experiencias de participación y pertenencia dentro de los grupos. Muchas veces, estas prácticas cotidianas favorecen vínculos más colaborativos y mejores condiciones para el encuentro entre las personas.

En definitiva, pensar la comunicación como parte central de la convivencia implica reconocer que los vínculos institucionales se construyen todos los días, en intercambios que muchas veces parecen mínimos, pero que producen efectos concretos en la vida escolar. Generar espacios donde la palabra pueda circular, donde las diferencias encuentren lugar y donde las personas puedan sentirse escuchadas constituye una dimensión fundamental en la construcción de formas de convivencia más participativas y abiertas al diálogo.

Para seguir pensando
  • ¿Qué formas de comunicación predominan en mis clases?
  • ¿Quiénes suelen tomar la palabra con mayor frecuencia y quiénes participan menos?
  • ¿Cómo reacciono cuando aparece una opinión diferente a la mía o a la del grupo?
  • ¿Qué gestos cotidianos contribuyen a que los estudiantes se sientan escuchados y valorados?
  • ¿Qué mensajes transmiten mis intervenciones más allá de las palabras que utilizo?


Referencias bibliográficas
Fisher, R., Ury, W., & Patton, B. (2012). Sí… ¡de acuerdo! Cómo negociar sin ceder (11.ª ed.). Norma.
Watzlawick, P., Beavin Bavelas, J., & Jackson, D. D. (2011). Teoría de la comunicación humana: Interacciones, patologías y paradojas (12.ª ed.). Herder.
Sabrina González Solé. Mediadora, Docente y Coordinadora de curso.