Secretaría de Fortalecimiento Institucional y Educación Superior
Dirección General de Bienestar Educativo
Artículos y Notas
UN ACTO POSITIVO PUEDE MODIFICAR LA DINÁMICA
Reconocer y valorar los actos positivos de estudiantes, familias, docentes o integrantes de la comunidad educativa,
tanto cuando nos encontramos involucrados directamente en una situación conflictiva como cuando intervenimos para
acompañar o gestionar conflictos ajenos, resulta fundamental para disminuir dinámicas de escalada conflictual.
Siguiendo las enseñanzas de Remo F. Entelman (2002), existe una ley empírica que demuestra que la intensidad de la conducta conflictiva, sin una adecuada comunicación entre las partes o una intervención efectiva y oportuna de terceros, tiende a aumentar. En ese mismo sentido, el autor sostiene que en toda dinámica conflictiva intervienen tres variables que es importante considerar: amistosidad-hostilidad (en el plano afectivo y emocional), actos positivos-actos negativos (en el plano volitivo) y acuerdo-desacuerdo (en el plano de la conciencia intelectual). Quienes desempeñan funciones docentes o de conducción institucional deben procurar identificar cuál es la variable predominante en cada situación, ya que, de acuerdo con una segunda ley empírica, las modificaciones que se producen en una de ellas impulsan cambios en las demás.
De esta forma, si lo que predomina entre las personas involucradas son sentimientos y percepciones de hostilidad mutua, es probable que ello conduzca a comportamientos negativos que dificulten la recomposición o construcción de vínculos.
En consecuencia, las personas involucradas estarán menos dispuestas a realizar concesiones, asumir compromisos o desarrollar acciones orientadas a satisfacer necesidades e intereses comunes, profundizando así los sentimientos de rivalidad y reforzando la dinámica conflictiva. Lo mismo podría suceder si la variable predominante estuviera asociada a los actos negativos o a los desacuerdos. Sin un abordaje adecuado, estas variables tienden a entrelazarse y a contribuir al aumento de la escalada.
Cuando la variable predominante se ubica en la categoría actos positivos-actos negativos, resulta especialmente importante que docentes y directivos reconozcan aquellos hechos, actitudes o expresiones que, aunque parezcan pequeños, puedan influir favorablemente en el comportamiento futuro de las personas involucradas y, por consiguiente, en la percepción que cada una tiene de la otra, del conflicto y del vínculo que mantienen. El propósito es contribuir a modificar la dinámica existente. Un ejemplo podría ser:
“Agradezco que, como acaba de suceder, hayan esperado su turno para expresar sus opiniones. Eso favorece que todas las personas presentes podamos escucharnos y sentirnos escuchadas.”
Este reconocimiento debe ser genuino, no forzado, y compartido con quienes participan de la situación. Además, debe realizarse con la suficiente habilidad para evitar que alguna de las partes perciba favoritismos o cuestione la imparcialidad de quien interviene.
En estos casos será especialmente importante identificar conductas positivas en todos los actores involucrados. Por ejemplo:
“Observo que, aunque ambos grupos están molestos por lo ocurrido, han aceptado participar de esta conversación para buscar una solución. Ese ya es un paso importante.”
También puede resultar necesario ayudar a quienes reciben esos actos positivos a reconocerlos, especialmente cuando la historia previa de la relación o el impacto emocional de los hechos dificulta percibirlos.
Por ejemplo:
“Entiendo que lo sucedido con tu compañero o compañera te haya generado tristeza o desconfianza. Al mismo tiempo, observo que esta persona propuso voluntariamente una idea para mejorar la situación. Tomando esto como punto de partida, ¿qué aporte creés que podrías realizar para avanzar?”
Todas estas estrategias constituyen formas de utilizar herramientas de reconocimiento y legitimación que, abordadas desde distintas perspectivas, adquieren matices diferentes. Reconocer de manera específica aquello que está funcionando, reforzar microconductas valiosas y validar los esfuerzos realizados contribuye a regular emociones, orientar la atención hacia acciones constructivas y fortalecer la percepción de autoeficacia de quienes participan en los conflictos.
Lo valioso de considerar la ley empírica propuesta por Entelman es comprender que, así como un acto negativo puede fomentar sentimientos de hostilidad que deriven en posiciones rígidas y desacuerdos crecientes, aumentando la escalada del conflicto, un comportamiento positivo reconocido, valorado y legitimado puede generar el efecto contrario. De este modo, no solo contribuye a desescalar la situación, sino también a que estudiantes, docentes y demás integrantes de la comunidad educativa se sientan vistos, reconocidos y capaces de transformar la realidad mediante acciones que, aunque parezcan pequeñas, poseen un significativo potencial de cambio y mejora de la convivencia escolar.
Siguiendo las enseñanzas de Remo F. Entelman (2002), existe una ley empírica que demuestra que la intensidad de la conducta conflictiva, sin una adecuada comunicación entre las partes o una intervención efectiva y oportuna de terceros, tiende a aumentar. En ese mismo sentido, el autor sostiene que en toda dinámica conflictiva intervienen tres variables que es importante considerar: amistosidad-hostilidad (en el plano afectivo y emocional), actos positivos-actos negativos (en el plano volitivo) y acuerdo-desacuerdo (en el plano de la conciencia intelectual). Quienes desempeñan funciones docentes o de conducción institucional deben procurar identificar cuál es la variable predominante en cada situación, ya que, de acuerdo con una segunda ley empírica, las modificaciones que se producen en una de ellas impulsan cambios en las demás.
De esta forma, si lo que predomina entre las personas involucradas son sentimientos y percepciones de hostilidad mutua, es probable que ello conduzca a comportamientos negativos que dificulten la recomposición o construcción de vínculos.
En consecuencia, las personas involucradas estarán menos dispuestas a realizar concesiones, asumir compromisos o desarrollar acciones orientadas a satisfacer necesidades e intereses comunes, profundizando así los sentimientos de rivalidad y reforzando la dinámica conflictiva. Lo mismo podría suceder si la variable predominante estuviera asociada a los actos negativos o a los desacuerdos. Sin un abordaje adecuado, estas variables tienden a entrelazarse y a contribuir al aumento de la escalada.
Cuando la variable predominante se ubica en la categoría actos positivos-actos negativos, resulta especialmente importante que docentes y directivos reconozcan aquellos hechos, actitudes o expresiones que, aunque parezcan pequeños, puedan influir favorablemente en el comportamiento futuro de las personas involucradas y, por consiguiente, en la percepción que cada una tiene de la otra, del conflicto y del vínculo que mantienen. El propósito es contribuir a modificar la dinámica existente. Un ejemplo podría ser:
“Agradezco que, como acaba de suceder, hayan esperado su turno para expresar sus opiniones. Eso favorece que todas las personas presentes podamos escucharnos y sentirnos escuchadas.”
Este reconocimiento debe ser genuino, no forzado, y compartido con quienes participan de la situación. Además, debe realizarse con la suficiente habilidad para evitar que alguna de las partes perciba favoritismos o cuestione la imparcialidad de quien interviene.
En estos casos será especialmente importante identificar conductas positivas en todos los actores involucrados. Por ejemplo:
“Observo que, aunque ambos grupos están molestos por lo ocurrido, han aceptado participar de esta conversación para buscar una solución. Ese ya es un paso importante.”
También puede resultar necesario ayudar a quienes reciben esos actos positivos a reconocerlos, especialmente cuando la historia previa de la relación o el impacto emocional de los hechos dificulta percibirlos.
Por ejemplo:
“Entiendo que lo sucedido con tu compañero o compañera te haya generado tristeza o desconfianza. Al mismo tiempo, observo que esta persona propuso voluntariamente una idea para mejorar la situación. Tomando esto como punto de partida, ¿qué aporte creés que podrías realizar para avanzar?”
Todas estas estrategias constituyen formas de utilizar herramientas de reconocimiento y legitimación que, abordadas desde distintas perspectivas, adquieren matices diferentes. Reconocer de manera específica aquello que está funcionando, reforzar microconductas valiosas y validar los esfuerzos realizados contribuye a regular emociones, orientar la atención hacia acciones constructivas y fortalecer la percepción de autoeficacia de quienes participan en los conflictos.
Lo valioso de considerar la ley empírica propuesta por Entelman es comprender que, así como un acto negativo puede fomentar sentimientos de hostilidad que deriven en posiciones rígidas y desacuerdos crecientes, aumentando la escalada del conflicto, un comportamiento positivo reconocido, valorado y legitimado puede generar el efecto contrario. De este modo, no solo contribuye a desescalar la situación, sino también a que estudiantes, docentes y demás integrantes de la comunidad educativa se sientan vistos, reconocidos y capaces de transformar la realidad mediante acciones que, aunque parezcan pequeñas, poseen un significativo potencial de cambio y mejora de la convivencia escolar.
Referencias bibliográficas
Teoría de conflictos. Hacia un nuevo paradigma. Entelman, R. (2002). Teoría de conflictos. Hacia un nuevo paradigma. Gedisa.
Teoría de conflictos. Hacia un nuevo paradigma. Entelman, R. (2002). Teoría de conflictos. Hacia un nuevo paradigma. Gedisa.
Valentina N. Martínez. Mediadora y adscripta a la cátedra de
Teoría del Conflicto, de la decisión y métodos de resolución de conflictos. Facultad de Derecho. UNC