¿Qué propone ATEC?

Resignificar los procesos de interacción de la escuela con la comunidad a los fines de mejorar la calidad de su oferta educativa promoviendo procesos de inclusión social.

A partir de las problemáticas identificadas, del recorrido realizado junto a los distintos actores de la comunidad (familia, docentes, organizaciones  sociales, los profesionales de ATEC) y luego de haber implementado el Programa en más de 100 escuelas (desde el año 2000 al 2009); se ha comenzado un nuevo período de trabajo con nuevas escuelas, capitalizando logros obtenidos.

Objetivos

Contribuir a recrear las prácticas socioeducativas en un marco de sentido compartido, a través de la interacción con actores y bienes culturales de la comunidad.

Generar condiciones y estrategias para que los Centros Educativos puedan reconocer al alumno como sujeto portador de sentidos, disposiciones, intereses, deseos y expectativas, construidos históricamente en condiciones sociales y culturales específicas.

Promover la capacidad de la escuela de descentrarse del imaginario escolar recuperando la creatividad y el placer en el acto educativo.

¿Cómo?

Partir de la posibilidad y no de la falta, es la característica central de esta propuesta, una decisión teórica metodológica y ética, no porque niegue las existencia de problemas y dificultades, sino fundamentalmente porque a partir del análisis y resignificación de experiencias valiosas que se realizan en la escuela o que se proponen desde el programa, se desencadena un proceso que pone en juego aspectos esenciales en la producción de cambios.
El proceso mencionado desata otros aspectos fundamentales. En particular El placer que produce ponerse- en - juego como sujetos creativos ante el desafío de la acción, el descubrimiento, la elaboración conceptual y la construcción compartida, recuperando el lugar del deseo como motor de la prácticas escolares.
La sorpresa, la pregunta que desvela, la construcción de respuestas y la satisfacción de hacerse cargo del desafío, implican fundamentalmente la revalorización y el descubrimiento del otro, sin el cuál parece imposible restituir el sentido de las prácticas de enseñar y aprender.
El programa propone algunos trayectos específicos que se ofrecen  a través de diferentes proyectos que las escuelas integran. La elección de algunos de los proyectos (y el sostenimiento del mismo) es esencial ya que supone un posicionamiento como sujetos  que desean y responsables, más, una implicación profesional con la tarea.
Tanto la incorporación de las Escuelas al Programa, como de estas a los proyectos, requieren dos condiciones: la elaboración de un diagnóstico por parte del equipo técnico y la decisión de las escuelas.

La realidad compleja en que nos movemos

El mundo contemporáneo se encuentra atravesando por procesos sociales, culturales e históricos sumamente complejos.
Sin pretender hacer una enumeración exhaustiva, podemos citar algunos factores:

La creciente fragmentación social signada por las fuertes asimetrías en la distribución del ingreso que trae aparejado fenómenos de exclusión.

Las nuevas condiciones del mercado de trabajo y sus efectos de flexibilidad y competencia individual.

El nuevo lugar que ocupa el conocimiento y las tecnologías de la información en la producción y reproducción del modelo imperante en la sociedad.

La tensión entre lo local y lo global.

La declinación del estado- nación como fuente de identidad.

La aparición de la sociedad civil y de otros sujetos sociales.

Estos, entre otros factores, producen y explican este nuevo escenario.

 

¿Cómo impacta la realidad en la escuela?

En este contexto advertimos la irrupción de una brecha entre la cultura escolar y la de sus destinatarios, que debilita la función socializadora de la escuela y su capacidad de distribución del capital cultural a través de la enseñanza y el aprendizaje, dando lugar en ocasiones, a fracaso educativo y exclusión social.
Esta brecha entre la escuela y destinatarios la visualizamos en algunas problemáticas específicas del quehacer educativo:

La irrupción en la escuela, de problemas de génesis social agravada por la evidente dispersión, superposición y desarticulación de los recursos institucionales estatales, no gubernamentales y comunitarios.

La relación entre familias y escuela, muchas veces conflictivas por la existencia de imágenes y demandas mutuas repetidas.

Rupturas entre los consensos implícitos entre los actores del hecho educativo.

Las dificultades en la conducción y gestión de las instituciones en contextos de cambio y sus efectos en la calidad de la oferta educativa.

La dificultad de adecuar las dimensiones y organizaciones a las características, necesidades e intereses de los alumnos.

Ideas para compartir

Los enfoques teóricos- metodológicos que sostienen nuestra tarea, apuestan a la resignificación del sentido de la escuela como: el producto de la construcción colectiva de todos los actores involucrados, que generen conocimientos cada vez más ajustados a la particularidad de los sujetos y de las instituciones que los contienen.
Desagregando los ejes del programa, compartimos algunos conceptos que ayudan a aclarar el lugar donde nos miramos:
Partimos de considerar al sujeto como aquel que se construye socio históricamente, que configura su hacer y pensar dentro de una trama sociocultural que condiciona ciertas posiciones sociales. Un sujeto situado en la comunidad.
Hablamos de comunidad  cuando nos referimos al vínculo entre los individuos de una colectividad. Se dice que cada uno de ellos “sabe” quién es el otro, què lo diferencia y lo une a él como parte de esa colectividad y que trasciende a las particularidades.
Cada sujeto integra diversas comunidades, de acuerdo a los espacios de acción o a las prácticas que realiza. Las comunidades se superponen: por su origen, por su memoria familiar, por el lugar en que viven, lo que hacen, su género, su profesión, sus grupos... cuando se agrupan bajo una actividad específica, estas comunidades hallan una síntesis.        
La diversidad de pertenencias hace a la diversidad de sujetos que eligen también, en identidades no siempre puestas en juego en las prácticas sociales relacionadas con las que a veces se implementan en la escuela. Este aspecto es fundamental en el trabajo: reconocer las identidades de las comunidades para actuar respetando la diversidad. La relación de la escuela con la comunidad se construye y adquiere sentido en la dinámica cotidiana de las personas, en la interacción de sujetos ubicados socialmente, que van definiendo vínculos que incluyen, niegan, rechazan, privilegian o desconocen algunos aspectos del otro.
Es vital tenerlo en cuenta al conocer a los sujetos de nuestra intervención. En una escuela los alumnos forman identidades muy diversas allí donde vemos solo niños. En las familias siempre hay distintos orígenes, diferentes crianzas. Por ello, cuando compartimos con otros, necesitamos encontrar lo que tenemos en común, expresarlo y negociarlo.
Pensamos al sujeto, las instituciones y la comunidad desde las prácticas. Estas son complejos esquemas, socialmente construidos, que organizan los modos de hacer, percibir, pensar, valorar y que se caracterizan justamente por los desconocimientos que se tiene de los procesos de su constitución.
Por ello es que realizamos un recorrido deconstructivo que aporte a la desnaturalización de prácticas institucionales, teniendo como eje la capacidad de los sujetos de innovar, de producir procesos instituyentes que tiendan a transformaciones activas.
Con relación a los actores institucionales, destaquemos que son los alumnos quienes singularizan con más fuerza a cada escuela, ya que con su presencia portan la demanda social, con su impronta en la vida institucional.